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Sunday, June 9, 2013

El perfume no te salvará—Ni siquiera un perfume de violetas...



Muchisísimas Gracias 
a Gabriela Cortés por esta traducción de mi ensayo en inglés,  




Reflexiones sobre

Nadie te oye: Perfume de Violetas (2001), 

  un filme de Maryse Sistach*







  La Historia

Perfume de Violetas está ambientada en la actual Ciudad de México en donde dos chicas adolescentes, Yessica y Miriam se vuelven amigas en cuanto Yessica llega a su nueva escuela. Ella había sido expulsada de su escuela anterior debido a mala conducta. Yessica es una chica decidida, pero sus conflictos con la autoridad parecen surgir con bastante frecuencia debido a un exceso de energía, además de su rechazo a someterse dócilmente a sus abusadores.

Yessica es una chica sensible con una gran alegría por vivir y esto es evidente en su amistad con Miriam. Lo primero que Yessica nota en cuanto se sienta en la silla detrás de Miriam es que su largo cabello negro huele maravillosamente bien. Ella admira a Miriam desde el momento en que se conocen y de ahí en adelante se convierten en mejores amigas.

 

Yessica vive en un sector pobre de la Ciudad de México, tan pobre que las puertas de su casa que se encuentran por debajo del nivel de la calle son solamente cortinas, una clara indicación de que su familia no posee nada de valor para proteger del robo. Su madre trabaja muy duro lavando ropa ajena y cuando Yessica está en casa, también tiene que trabajar, ya sea lavando ropa o trastes o cuidando a los hijos más pequeños de su madre. Su padrastro y su hermanastro son los estereotípicos machos latinos y ambos parecen apreciar muy poco a Yessica o a su madre.

Mientras la amistad entre Yessica y Miriam se va desarrollando, la diferencia de clases entre las dos chicas se vuelve más gráfica. Miriam vive en un departamento de dos pisos con ventanas y puertas protegidas con barrotes—algo usual en los vecindarios de clase media en Latinoamérica. Al principio, todos los barrotes pueden llegar a impactar a los visitantes de países prósperos donde el nivel de seguridad en general no requiere de tales medidas. En los vecindarios de clase media alta en Latinoamérica, hay guardias de seguridad vigilando en las esquinas y en áreas de mucha afluencia y también es común que vigilen cada casa individualmente.

El estándar de vida de Miriam podría considerarse parecido al de los trabajadores pobres de los Estados Unidos, ya que su madre tiene largas jornadas de trabajo vendiendo zapatos en tiendas como Payless, sin embargo desde la perspectiva de Yessica, Miriam vive en el lujo.


La primera vez que la chica va a la casa de Miriam, Yessica admira la opulencia de tales "lujos" como un refrigerador y una tina de baño. Las dos chicas se dan el gusto de bañarse juntas, jugando con burbujas y pasando tiempo juntas. Además de tener en común el amor al maquillaje y al perfume, Miriam y Yessica sienten una conexión por el hecho de que ninguna de las dos conoció a su padre, siendo las dos hijas de madres solteras, aunque la madre de Yessica se haya vuelto a casar.




 Mientras se va desarrollando su amistad, el aroma de las violetas se vuelve un vínculo que las une. Miriam le lleva una barra de jabón a la escuela a Yessica para que lo huela, confirmando que es el mismo aroma que ella olió en su cabello el día en que se conocieron.

En la casa de Miriam, Yessica constantemente está rociándose con los atomizadores que encuentra. Parecen perfumes baratos o rocíos corporales de perfumes que se venden en farmacias, pero para Yessica son un néctar de los dioses. Las chicas también juegan con maquillaje y bailan cuando están juntas en la escuela, pero la historia toma un giro inesperado y negativo un día en el que Yessica va caminando sola de regreso a su casa después de haber ido a casa de Miriam.
 

Esta escena desgarradora en la que Yessica es brutalmente violada, fue presagiada por conflictos anteriores. Al principio, las chicas se resistieron a las insinuaciones del hermanastro de Yessica y de su amigo, un chofer de autobús. Además, Yessica y su hermanastro están en constante conflicto en casa, sumergidos en una implacable lucha de poderes.


De forma escandalosa, el chofer del autobús sorprende a la chica cuando va caminando por la calle y la obliga a subir al autobús que se encuentra estacionado en un terreno baldío. Mientras tanto, el hermanastro de Yessica se sienta afuera del autobús para vigilar que nadie se acerque y se percate de lo que está sucediendo.

La violación deja a Yessica muy lastimada. Cuando regresa a la escuela, otros estudiantes se dan cuenta de la mancha de sangre en la parte de atrás de su falda durante la clase de deportes. La maestra la lleva a la oficina de la directora, en donde la regañan ambas mujeres y Yessica es incapaz de explicarles lo que acaba de ocurrirle. La directora se parece de forma escalofriante a Condoleezza Rice, recordándonos aquella frase que dijo: "No queremos que la evidencia irrefutable sea un hongo nuclear" y se comporta de manera hostil, abusando verbalmente de Yessica y lastimándola todavía más.

A pesar de todo lo que le ha sucedido, Yessica se tranquiliza y sigue adelante, negándose a permitir que la intimiden.

Pero la violación le ha 
pasado factura a la chica y cuando va con su novio a La Fuente, una especie de mirador donde las parejas se reúnen para pasar tiempo a solas, ella lo empujabruscamente cuando él intenta tocarla. Ella salta y corre, dejando atrás al chico que se queda confundido con el comportamiento de la chica. Claro que todo tiene sentido,tomando en cuenta lo que le ha pasado recientemente.
  



Miriam y Yessica continúan pasando tiempo juntas y un día que están viendo ligas para el cabello en un quiosco, Yessica roba una pequeña botella de perfume de violetas al que no puede resistirse. La chica corre con la botella, dejando atrás a Miriam, quien tiene que enfrentarse a la ira de la dueña de la tienda.


Miriam paga por el perfume y queda en estado de shock al ver que su mejor amiga fue capaz de hacerle tal cosa, va a la tienda donde trabaja su madre y le cuenta lo que sucedió.

La madre de Miriam ya estaba preocupada por la amistad de Miriam y Yessica, ya que anteriormente se dió cuenta entre otras cosas, de que fumaron en el departamento, lo que la enfurece ya que para ella fue muy difícil dejar de fumar.


Después de que su amigo, el chofer del autobús violó a Yessica, su hermanastro a quien el incidente le parece cómico, le advierte que no le diga nada a nadie acerca de lo que sucedió "o si no..." Él acepta el dinero que le da el violador como pago por hacer guardia durante la violación y usa este dinero para comprarse un par de tenis nuevos.




Durante la película, la fascinación que sienten los personajes relativamente pobres con objetos comerciales como objetos del deseo se muestra una y otra vez. Simbólicamente es la madre de Miriam quien le vende los zapatos al joven, ignorando por completo su conexión con Yessica.

La amistad de Miriam y Yessica ha sufrido una ruptura severa debido al robo del perfume de violetas y a la humillación y la vergüenza que esto le provocó a Miriam. Pareciera que no hay manera de reparar el daño, pero Yessica hace un collage de fotografías de ella y de Miriam y regresa a su casa para dárselo, disculpándose por lo que ha sucedido. 



Las chicas sienten alivio al reunirse de nuevo y Miriam desobedece el consejo de su madre de alejarse de Yessica. También le permite entrar a la casa en contra de las órdenes de su madre

En una de estas visitas, Yessica roba un fajo de dinero escondido dentro del joyero de la madre de Yessica, el cual le da a su propia madre, quien se ha quejado en reiteradas ocasiones de sus problemas económicos. El dinero robado son los ahorros de la madre de Miriam para comprar una televisión y cuando descubre que el dinero no está se enfurece. Acusa a Yessica e insiste en que no es solamente una ratera, sino una golfa. Básicamente, su explicación acerca de lo que le sucedió a Yessica (la violación) es que "ella se lo buscó."




Increíblemente, el chofer del autobús y el hermanastro de Yessica la vuelven a interceptar de nuevo para violarla en el autobús (al parecer se trata de violaciones seriales, aunque en la película solamente se muestran dos incidentes explícitos). Esta vez Yessica está aturdida y confundida, encuentra la manera de ir a la casa de Miriam pero no hay nadie.





Todas las puertas y ventanas están cerradas con cadenas y candados para evitar que alguien entre. Cuando comienza a llover, Yessica se esconde bajo la escalera y se queda dormida.

Al día siguiente, Yessica logra llegar a la escuela, donde la madre de Miriam ya ha hablado con la directora acerca de los robos que ha cometido Yessica—el perfume de violetas y el dinero—y mandan llamar a Yessica a la dirección, pero dos de los miembros del personal se percatan de lo que le ha sucedido (sus rodillas tienen moretones y su cuello está sangrando).

Por fin alguien en la escuela admite lo que ha sucedido y le dice a Yessica "Nadie tiene el derecho de hacerte eso." Mientras que la chica está en la enfermería de la escuela, Miriam le avienta un avión de papel por la ventana con una nota que dice que se reúnan en el baño.


Yessica va al baño esperando una reunión con su amiga. En vez de eso, Miriam la insulta verbalmente repitiendo las palabras con las que se expresó su madre acerca de Yessica: ¡ratera, traidora, puta! Las dos chicas están muy enojadas y comienzan a pelear, culminando trágicamente en la muerte de Miriam cuando se cae y se golpea la cabeza con la taza del baño.




Yessica se escapa y se dirige a la casa de Miriam donde se acuesta en su cama.

Cuando la madre de Miriam regresa a casa esa noche, encuentra la puerta entreabierta y se preocupa por su hija hasta que ve que su cama está ocupada. Se acuesta al lado de Yessica, quien está completamente cubierta con una cobija en la oscuridad. La madre se siente aliviada de ver que su hija está en casa, sana y salva porque piensa que la persona en la cama es Miriam. La película termina con el teléfono timbrando, es la llamada de alguien en la escuela para darle la noticia acerca de la horrible muerte de su hija.




Discusión

Perfume de Violetas es un filme depresivo y casi nihilista. Ciertamente es un ejemplo extremo del cine negro, si bien se sitúa en la Ciudad de México, donde la corrupción cubre la historia por completo. La única persona entre todos los personajes que es completamente inocente es Miriam, quien muere asesinada como resultado de todas las fuerzas malignas que la rodean.

¿Cómo se hubiera podido prevenir esta tragedia? Tal vez si Yessica hubiera denunciado la primera violación tan pronto como sucedió. No lo hizo porque vivía en una cultura donde se asume que la culpa es de las mujeres quienes deben aceptar cualquier cosa de parte de los hombres. El comportamiento de las mujeres hacia otras mujeres a través de la película nos revela que ellas también han sido infectadas con el insidioso sexismo.

Mi reacción inicial a este filme fue que el final es exagerado e incluso siniestro, estirando nuestra credulidad más allá del punto de ruptura. El desenlace de hecho me recordó mucho al que es probablemente mi filme noir favorito (¡también en centelleante tecnicolor!): Plein Soleil [Purple Noon] (1960), dirigido por René Clément.

El trauma que experimentará la madre de Miriam al darse cuenta que la chica en la cama de su hija no es Miriam, quien de hecho está muerta, es verdaderamente difícil de imaginar.

La película está bien hecha y tiene un buen ritmo, cubriendo una impresionante cantidad de temas en tan solo 90 minutos. Claramente es una producción de bajo presupuesto pero está bien dirigida y las actuaciones también son muy buenas. También quedé impresionada con la ingeniosa selección de música. Mi queja principal acerca del filme fue solamente que la trama es tan terrible que es poco realista. Me quedé en estado de shock al enterarme en IMDB.com (la base de datos de películas en internet) que Perfume de Violetas  está basada en una historia real. Así que aunque la historia sea poco realista, resulta que los eventos que nos presenta realmente sucedieron, lo que hace que sea todavía más horrible.

Perfume de Violetas es una obra importante. Resalta las condiciones de vida de los pobres y de la clase trabajadora en la Ciudad de México y sigue la tradición de los autores de filmes en español como Luis Buñuel, quien durante su estancia en México dirigió Los Olvidados  (1950), un filme crudo en blanco y negro que también trata acerca de la situación apremiante de los pobres en la Ciudad de México pero se trata de gente en peores condiciones que Miriam o Yessica (y sin acceso al conocimiento o a los perfumes). Las Hurdes  (1933), dirigida por Buñuel en España también trata sobre un nivel de pobreza más bajo que el que se presenta en Perfume de Violetas.

En esta película el perfume juega un rol importante. El perfume es lo primero que atrae a Yessica de Miriam—o más bien el aroma de su cabello, que ella se lavaba con jabón de violetas. El perfume sirve como un medio a través de la historia por el cual Yessica escapa de su condición sórdida a un mundo de delicias olfativas.















El perfume representa la promesa y la esperanza. También mitiga el dolor de la chica violada. Después de haber sido violada, Yessica intenta reponerse y se niega a derrumbarse, acercándose al perfume para escapar a un mundo de fantasía en donde la maldad de la gente que la maltrata no existe.


El perfume también sirve como tentación. Yessica roba una pequeña botella de perfume de violetas del quiosco porque lo desea, pero no tiene el dinero para comprárselo. De esta forma, el perfume es una fuente potencial de peligro, ya que provoca que Yessica actúe en formas que afectan lo mejor que ha tenido hasta ahora en su vida: la amistad con una chica tierna y amable que es tan inocente que todavía  no hace distinciones sociales y económicas entre la gente.

Miriam acepta a Yessica como es, sin cuestionarse si ella está "del lado equivocado," por así decirlo. Incluso cuando Yessica lastima a Miriam en varias ocasiones, ella la perdona. Pero al final, no solamente pierde su amistad con ella y es por esto que este fime es tan nihilista. La esperanza y la belleza quedan destruídas, como cuando la madre enojada de Yessica rompe la botella de perfume, tirándolo al suelo en un despliegue de ira sin sentido. Prácticamente a través de esta acción le dice a su hija que no tiene derecho a tener un perfume porque ellos son pobres.

¿Cuál es el punto de este filme, para los perfumistas privilegiados como nosotros para quienes la única preocupación monetaria risible es si podemos comprar el último lanzamiento super nicho? ¿Cómo debemos interpretar esta historia tan perturbadora?

Para ser honesta, a veces me pregunto si no estamos viviendo en una gran burbuja perfumada. Cuando nos quejamos acerca del precio de un perfume o cuando discutimos entre nosotros sobre si la perfumería es un arte, estamos concediéndonos un lujo que está más allá de la realidad de la mayoría de la gente en el planeta y el de algunas personas cuyas condiciones se presentan en este filme que raya en lo obsceno.

A pesar de nuestro elevado estatus socioeconómico—como se puede evidenciar por el hecho de que podemos comprar perfumes y apreciarlos como un pasatiempo—nos parecemos a Yessica en nuestra fascinación con los perfumes. Estamos dispuestos a abstenernos de otras cosas, para poder comprar nuestros perfumes tan codiciados. Pero también hay un mensaje positivo.

Realmente, disfrutamos el perfume precisamente de la misma manera en que Yessica lo hace. El perfume es una fuente de placer para nosotros, como lo es para ella. ¿Importa que describamos esa fuente de placer de una manera u otra? ¿Por qué no podemos simplemente aceptar que el perfume nos produce placer? ¿Por qué tendría que haber algo más acerca de los perfumes? ¿Le tememos a nuestro propio hedonismo?

También a veces me pregunto si la energía dirigida hoy en día a defender la afirmación de que la perfumería es una de las bellas artes, no es desproporcionada en comparación con las consecuencias de tal opinión si se confirmara por unos cuantos de la élite. Obviamente la experiencia del perfume por parte de personas como Miriam y Yessica no cambiaría en lo más mínimo.

¿Cambiaría nuestra propia apreciación del perfume si lo describiéramos en los términos idealistas de alguna teoría difícil de comprender? Yo creo que no. Aún amaríamos a los perfumes precisamente por la misma razón y precisamente de la misma manera en que Yessica lo hace. ¿Por qué? Porque huele bien.




*Advertencia: Si te encuentras entre los millones de personas que están intentando desengancharse de los SSRIs— habiéndose percatado por lo menos de la dolorosa epifanía de que todo fue una trampa compleja concebida para llenar los bolsillos de los directores generales de Pharmafim y al mismo tiempo lograr que te calles—entonces te recomiendo que te mantengas muy alejado de este filme crudo y casi nihilístico.


Tuesday, March 19, 2013

The Secret Perfumista Life of John Steed, and a tribute to the coolest couple in the history of television: The Avengers...




Must-view Avengers for any self-respecting perfumista:

How to succeed ... at Murder

Volume 8, episode 3, 1966


Having renounced television quite some time ago as the largely worthless and mind-numbing diversion that it is, I nonetheless have always been an amateur of fine films—of every length. While still a member of the Columbia House DVD club—before it became clear that physical media would soon go the way of oaxmoss-rich perfumes—I procured a complete, nearly fifty-hour set of the British television cult classic The Avengers, which originally aired from 1965 through 1967, starring Patrick Macnee and Diana Rigg. Since acquiring this collection—The Complete Emma Peel Megaset—I have not seen it for sale anywhere else, so I feel fortunate to own it, and also to have seized the opportunity to give a set to each of my two sisters. In my considered opinion, The Avengers is one of the very best television series ever to have been produced.




Why is The Avengers such a superlative series? Where to begin? First, every sizzling episode oozes with both style and substance. The aesthetics are top notch, with each scene carefully thought out and all props well chosen and arrayed. As a result, virtually any screen shot is picture perfect and worthy of extended reflection. The dialogue is always witty and often poetic, and the plots are extremely well-crafted, exploring a range of issues and posing and solving a conflict within the short span of only 50 minutes. The writers of this series essentially mastered the filmic equivalent of the fine art of the short story.


Part of the wonderfulness of The Avengers derives from the simple fact that the two protagonists, Emma Peel and John Steed, have impeccably good taste. It certainly does not hurt that women's fashion of the 1960s exhibited a distinctness and sleekness never before seen in history and unrivaled since. The Avengers are handsomely dressed, but Emma's wardrobe in particular is peerless among female television series protagonists. (Unfortunately, Ginger, of Gilligan's Island, appears to have brought only one dress—and a sequined mermaid model at that—along on her three-hour cruise turned epic island adventure...)

The Avengers' acute aesthetic awareness is really just one reflection of their boundless intelligence, proving yet again that a sharp and sensitive mind applies across the board to every realm. But rather than giving themselves over completely to the life of the aesthete, spending all of their time in the enjoyment of the finer things in life, and concerning themselves only with the heightened pleasures of the moment available to them, Peel and Steed are the dynamic and daring duo who relentlessly combat both evil and stupidity, applying their keen intellects to solve intractable crime after crime and thus leaving the world better than it was when they found it. Fully defying the image of the hard-boiled gumshoe detective who lives out of his car and eats fast food, Emma and John approach every problem from the aesthetic space which they already occupy and in which they are firmly ensconced, their lives replete with style and artful design.

This couple is not a couple, at least not on film, but their relationship within the episodes makes it impossible not to wonder what may happen in between. At the end of this particular episode, How to succeed ... at Murder, Emma and John are sitting side-by-side studying their new books on ventriloquism—an interest piqued by the events of the dangerous plot which they have only just managed to foil—in the back of an obviously chauffeured travel trailer, moving off into the distance.







The affinity and mutual esteem between Peel and Steed is undeniable, but they are much too cool to stoop to boorish public displays of affection, so if they were romantically involved, they would certainly never broadcast that fact to their gawking admirers. For this reason, I reject the orthodox line, according to which the couple are only professional partners against crime.

It is true that Emma goes by her married name, Mrs. Peel, but her husband was a pilot whose plane had disappeared somewhere over the Amazonian forest (and he was presumed dead) before her collaboration with Steed. It simply stretches credulity that Mrs. Peel would adhere to antiquated conventions governing widows, and marriage more generally. Emma and John break every other rule in the book, so why would they feel bound by something as parochial as petit-bourgeois tradition?

In reality, which is to say, within the fiction which is the reality of The Avengers, it matters perhaps little whether or not Emma and John ever share the same bed, and they certainly would not care what we happen to think. What is indubitable is that they are kindred spirits and make a superlative professional team, defeating evil enemies left and right, and proving that intelligent people can also be both comely and civilized—and even nice!


That's right: nice. Whenever Peel and Steed encounter an agent of evil, they treat him or her with the utmost respect, and if it becomes necessary to take them out, there is no rancor or anger involved in the execution of what is done invariably and only in self-defense. Emma and John do not sentence to death and execute persons suspected—or even known to be guilty—of crimes. Instead, they protect themselves from them.


Whenever possible, the Avengers, in their boundless clemency, spare their adversaries' lives. Alas, this is not always possible, as in this rich episode in which a group of misguided radical feminists have been brought together—unbeknownst to themselves—by a psychotic man to commit murder after murder of successful businessmen in a misguided effort to realize what they have been brainwashed to believe is their mission and dream:


Ruination to all men!




Having been produced in 1966, How to Succeed ... at Murder offers a creative and incisive critique of radical feminism gone awry. Feminists back then, as now, are undoubtedly right that women have been kept down, with secretaries dominated by tyrannical bosses often less intelligent than the women whom they depend upon. In the United States, by 2009, nearly half a century after the ratification of The Equal Pay Act of 1963, women were still earning only 77 cents on the dollar paid to equally qualified men for performing the very same work. (In 1963, they received 59 cents on the dollar paid to men.)




What is the proper response to this unhappy state of affairs? Whatever the solution to the problem of the oppression of women may be, it must be acknowledged that only some men are in willful complicity—John Steed being a felicitous counterexample to the premise underlying misguided and sweeping anti-man campaigns.





Recognizing the fallacy in the reasoning of this particular group of radical feminists, Emma and John make short order of their ill-conceived plot. Upon learning that this angry group plans to do away with men altogether, Steed tips his hat and politely observes to a woman who has volunteered to wipe him out with a machine gun, “We do have our uses, Madame.”




Needless to say, I highly recommend this series. Rather than providing any more plot spoilers, I would like to turn now to the specific role played by perfume in this episode, in particular.



The Perfume Angle

Perfume first appears in How to succeed ... at Murder when Peel and Steed are examining a crime scene. A man has been found dead in the back of a taxi, and the two sleuths are attempting to deduce what has transpired. After taking stock of various physical facts, Emma suddenly sniffs the air and asks John, “What's that perfume you're wearing?” Her partner against crime replies, “None. … Today.”


Yes, embedded within this little story—engaging in so many very different ways—is also proof positive that John Steed, perhaps the coolest male persona in the history of television (pace Stringer Bell), was a perfumista! He reveals to all attentive viewers in a single short phrase that he does indeed wear on a regular basis not only fragrance or cologne, but perfume.

The couple proceeds to comment on the quality of the perfume in the taxicab, noting first that it smells nice, and then that it has a slight sweetness and, therefore, cannot be an aftershave. They conclude that a woman has been in the cab with this now-dead man and, therefore, may well have been the killer.

From there, the couple moves swiftly to capitalize on this unusual clue. Steed grabs a tire pump, and sucks some of the perfumed air in through the valve before closing it, and handing the sample over to Peel for further investigation.



Emma enlists the aid of J.J. Hooter, Perfumier Extraordinaire, who, he informs her, has one of the finest noses in all of Europe. To protect his precious proboscis, he wears a thick covering to prevent the unwanted entrance of “effluvia”, as he puts it. 

The perfumer rinses his nose with highly distilled water before submitting the sample to direct testing, at which point he immediately recognizes the scent to be one of his very own creations: Leap Into My Fervid Arms.




But wait, there's more: following another, independent, trail of clues, Steed, while doing some late-night foraging through an accountant's records, suddenly starts as he sniffs the very same perfume which he and Emma had encountered in the cab.




Sure enough, the culprit has entered the office behind him, and a scuffle ensues. Knocked out by the heel of the woman's shoe, Steed is briefly dazed, but emerges undaunted and even more determined than ever to solve the crimes.

Later, during one of his interviews at a firm where the boss has gone missing—said by the secretary to be on “extended holiday”—Steed reaches naturally for a flower from the vase and brings it under his nose to sniff over and over again throughout the exchange.



So there you have it, my fragrant friends: proof positive that John Steed of The Avengers fame was indeed a perfumista. You, my gentlemanly readers, may now pride yourselves for being in extremely good company, having as a comrade-in-nose the great British sleuth himself. Spritz on!